Podemos con la gente

“Demos gracias a Dios por todas las cosas que son variopintas”   G. M. Hopkins


Tras meses de letargo en este blog (en parte forzoso por mi trabajo y en parte decidido por esa holgazanería que se empeña en no dejar tiempo para hacer nada) me veo de repente escribiendo enfadado estas líneas tras oír las declaraciones de un dirigente de Podemos (que por cierto también ha estado en las últimas semanas callado por supuestas discrepancias con su líder supremo). Veo un resumen de su entrevista en TVE y escucho cómo, una vez más, la milésima desde las elecciones municipales del pasado mayo, se atribuye la portavocía no de sus votantes sino “del pueblo”, de “la gente”.

Al parecer, ellos son el pueblo. Los otros políticos son burócratas impuestos por “el Sistema” (una organización internacional similar a la masonería que se empeña en no respetar las decisiones de los ciudadanos), por el Rey, por Aznar, por Franco o por Bush (todos son lo mismo). Ellos han conseguido burlar a ese Sistema en un momento de despiste y, en representación de todos los Pueblos y las Gentes (por primera vez en la historia de España), llegar a los diferentes parlamentos, diputaciones y ayuntamientos. No es que tengan un plus de legitimidad es que ellos son los únicos legítimos porque al resto de ciudadanos (los que no les hemos votado) claramente nos han comido la cabeza.

“No es que tengan un plus de legitimidad es que ellos son los únicos legítimos porque al resto de los ciudadanos el Sistema nos ha comido la cabeza”

Solo hay que ver cómo juraron la constitución: “Prometo acatar la Constitución, prometo trabajar para cambiarla, recuperar las instituciones para su gente; nunca más un país sin su gente y sin sus pueblos”. Nunca más un país sin su gente…. Toma. Olvidaba que hasta ahora estábamos en un país gobernado por casta, por el IBEX, por Botín, pero claramente no por la gente. Porque hasta el 2015 no se podía votar en España. Puede que hubiera un simulacro de elecciones, pero el poder se repartía siempre entre los mismos, con la aquiescencia de un pueblo dormido; claramente eso no cuenta como comicios. ¡Menos mal que habéis llegado vosotros!

Recapitulemos un segundo: en elecciones del 20 de diciembre votaron aproximadamente 25 millones de personas y más de 20 millones no votaron a Podemos o sus confluencias. La formación morada consiguió aproximadamente un 20% de los votos, todo un logro del que de verdad me alegro, pero desde luego lejos de cualquier mayoría que permita atribuirse la voz del pueblo.

Pero ellos no sólo se atribuyen ser portavoces, sino que gritan por el pueblo e imponen en su nombre – por cierto con bastante poca consideración por los que quedan fuera de ese 20%. Cogen el micrófono y malinterpretan la igualdad de oportunidades, la laicidad del estado, la defensa de la mujer, el respeto a minorías. En vez de dar más libertad, la quitan. En nombre del pueblo. Cogen el micrófono y realizan muchos gestos mediáticos y pero con poca legislación de facto (en parte porque, no olvidemos, tienen solo el 20%). Cogen el micrófono y enarbolan un discurso neomarxista en donde todo el que gane dinero es mala persona y donde la igualdad se consigue por abajo: si hay pobres, todos pobres. Cogen el micrófono y gritan. Para hacerse oír. ¿¡ES QUE NO VES QUE EL SISTEMA QUIERE SILENCIARLES!?

“Cogen el micrófono y gritan. Para hacerse oír. ¿Es que no ves que el Sistema quiere silenciarles? 

Yo lo siento pero estoy cansado. Yo no soy casta; me considero crítico, inconformista, pagador de impuestos y relativamente buen ciudadano. No creo que me hayan comido el coco (ellos dirán “eso es lo que diría cualquiera al que le hayan comido el coco”) o que esté pidiendo cosas disparatadas. Pido simplemente libertad y sentido común. Sentido común para darse cuenta que lo que más preocupa a las mujeres de este país no es si el nombre del Congreso es “de los Diputados” y se les excluye por no decir “de los Diputados y Diputadas”. Para ver que el Año Nuevo Chino no lo sigue la misma gente que la Semana Santa y por tanto no tiene sentido gastarse el mismo dinero en su organización. Para dejar de hablar de rentas universales que decís pagaréis con una subida de impuestos tan tan rocambolesca como imposible. Para dejar de criminalizar a las grandes empresas, a la gente con dinero o a cualquier persona que simplemente no piense como vosotros. Para  darse cuenta que hay otras prioridades en esta España en crisis que la de sacar viejos fantasmas del siglo pasado. Sentido común para, en definitiva, empezar a pensar en el pueblo al que tanto apeláis (esta vez por favor en todo su conjunto) de manera un poco más humilde, sacudiéndoos de encima tanta arrogancia, victimismo y discurso de clases, que por cierto tanto daño ha hecho en la historia.

Uno de los grandes problemas del PP de la pasada legislatura (uno de tantos) fue que gobernaron como si estuvieran solos. Y ahora todo el mundo está de acuerdo en, al menos, echarles hasta del diccionario, sin ser conscientes que van a cometer exactamente el mismo error: España es azul, morada, roja, naranja… tan tornasol que como impongas tu monocolor te va a salir cara la legislatura. Y sobre todo, nos va a salir cara a todos los españoles.

 

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